Culpa, exigencia y falta de coherencia en la crianza.

Me defino cómo una buscadora incansable de la coherencia en la crianza, del amor y del respeto a los procesos de vida. Lo que voy a escribir es sólo mi opinión, cuestionalo,

Cuando nos convertimos en madres ( y voy a hablar de “madres”, en primer lugar porque soy una mujer, una madre y en segundo lugar porque el 90% de las personas que contactan conmigo buscando información y guía en la crianza de sus hij@s son mujeres, son madres. No es un juicio, simplemente mi reflexión se basa en mi experiencia). Retomo, cuando nos convertimos en madres tratamos de ser la “mejor madre” que podemos, a veces con todas nuestras fuerzas.

La revolución física, mental, emocional y espiritual que conlleva el embarazo, el parto y el posparto, tan necesaria para la vinculación con nuestra criatura, pone en juego multitud de “historias” conscientes e inconscientes. Y la información llega sin compasión desde todos los frentes, la familia, los amigos, Internet, los grupos de apoyo en la lactancia, los de crianza…

Nos sumergimos en un proceso de “identificación” con la madre que nos gustaría ser.

Últimamente, se habla mucho sobre la “guerra de madres” guerras que son reales, como son reales los juicios que hacemos una sobre otras. Carlistas vs Estivilistas. Si esas fueran las únicas dos opciones de crianza entiendo que la posición de Carlos González es más cercana a lo que pienso y siento… aún sin abanderar ningún estandarte.

Muchísimas madres hemos consumido y consumen multitud de libros sobre Crianza en esa búsqueda de la “madre ideal”.

Observo de forma muy frecuente que las madres (en mi opinión debido a la herencia transgeneracional que llevamos en ADN, la sociedad, cultura, el patriarcado…. Yo que sé) nos enganchamos fácilmente a la CULPA, y esa culpa deriva en EXIGENCIA en aquello que queremos ser como madres.descarga

Trabajo acompañando a madres que están en búsqueda de patrones de crianza más instintivos, naturales y respetuosos, y un porcentaje elevado de estas madres se sienten culpables por ejemplo por:

  • No haber tenido un parto natural, sin intervenciones.

  • No conseguir dar el pecho de forma exclusiva, no disfrutar de la Lactancia Materna o no sentirse plenas en ella.

  • Tener necesidad de dejar al bebé al cuidado de otras personas para cubrir necesidades propias, por básicas que estas sean.

  • Por perder los nervios, angustiarse, gritar, enfadarse en situaciones de gran tensión o cansancio.

  • Si en el agotamiento de crianza se rinden a “enchufar” a sus bebés a la tele para poder desconectar.

  • Si no consiguen elaborar sanísimas recetas (a poder ser ecológicas) cada día.

  • Si en la desesperación de las largas noches de teta, de mil y un despertar, desean coger el primer avión que las lleve a la india o al caribe solas…

  • Si en un determinado momento desean dejar de colechar y sus hij@s no se lo ponen tan fácil como los libros cuentan… “Ellos solos se irán a sus camas antes de que estés preparada para que salgan de la tuya”…).

Por supuesto que esta sociedad las hace sentirse culpable por las mismas cuestiones en otro polo de la crianza… Por supuesto no voy a cuestionarlo. (Por dar la teta demasiadas veces o durante demasiado tiempo, por cogerlos en brazos, por dormir con ellos, por descuidar sus carreras profesionales… Es más que evidente) Sólo que en esta ocasión mi reflexión se centra en el dolor que suelo acompañar.

La exigencia que ponemos en ser la madre perfecta “respetuosa” es también muy tóxica, tóxica porque se articula desde la culpa. Nos sentimos culpables por no llegar a ser lo suficientemente buenas en función de lo que tal libro o tal profesional o tal grupo de crianza propone…

Tratamos de seguir nuevamente recetas, recetas muy bien fundamentadas en estudios científicos y experiencias de inteligencia emocional, no digo que no, pero finalmente recetas. Si la teoría es genial, si es donde hay que enfocarse… ¿Pero sabemos que es el respeto? ¿lo hemos sentido? O lo estamos teorizando interpretando el “papel de la madre respetuosa” donde podemos perder nuestra esencia, nuestra emoción… A veces pasa. También es insano seguir criterios rígidos de crianza respetuosa, que estén desconectados de nuestro sentir y de nuestras necesidades.

No perdamos nuestra esencia, no nos alienemos en la teoría sea la que sea.

María Fuentes me dijo hace ya muchos años, “No podemos hacer un cambio de paradigma en una sola generación. Sólo podemos dar el paso que nos toque dar…” y yo añado y aceptarnos en ese paso.

Flaco favor haría cualquier profesional de dijera algo así cómo “Jamás he gritado a mis hij@s” ya que las terrenales madres humanas que escuchen esa frase podrán juzgarse y fustigarse, entendiendo que ellas son el problema, porque sus criaturas podrán crecer pensando que sus madres no fueron lo suficientemente buenas ya que la culpa estaba presente.

La madre perfecta no existe. Como mi querida maestra Teresa Garcés dice: Relaaajateeee…

Abraza el “bicho” o la “bruja” que todas tenemos dentro, ese bicho tiene su función y es universal.

Os propongo poner atención en ser coherentes con vuestros hij@s, una propuesta de AMOR INCONDICIONAL que empieza por una misma.

Observo mi intención, si mi intención ha sido pura, si no había intención de dañar…

Me perdono por no ser la madre perfecta.

Pongo la intención en sentirme bien con aquello que haga en el futuro con respecto a mis hij@s. Pongo la intención en respetarlos respetándome.

Sigo adelante libre de culpa.

2 thoughts on “Culpa, exigencia y falta de coherencia en la crianza.

  • 17/06/2016 at 4:01 pm
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    Olé tú!!! Gracias gracias gracias por poner palabras a ese torbellino de emociones encontradas. Un abrazote!

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  • 09/12/2016 at 11:52 am
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    Me encanta la manera en que cuentas esta realidad tan compleja.

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