¿Por qué tenemos los parto que tenemos?

Cuando me lance al a escribir esta charla, ¿por qué tenemos los parto que tenemos..? mil ideas se agolparon en mi mente… “Todo” lo que hay que saber, toda la información que las mujeres y las familias necesitamos para ser libres, para recuperar la magia de nacer”.

En estas semanas, compartiendo con mujeres me doy cuenta que los datos técnicos y los estudios científicos son importantes, pero siento que lo verdaderamente nos conecta y nos “empodera” es la emoción, son los testimonios, es la experiencia. Sentirte identificad@, escuchar o leer a quien lo intentó de otra forma.

He acompañado en los últimos años a muchas mujeres que me han contado multitud de experiencias y en un porcentaje muy elevado de casos en su discurso había miedo. El miedo nos bloquea, nos paraliza, nos hace sentir ganas de salir corriendo, de huir, también nos hace arremeter contra el otro, nos violenta. Nos hace someternos, humillar y humillarnos.

El miedo nos aleja de nuestro SER, ese que tiene todas las capacidades para ser pleno y feliz.

El miedo está muy presente en el nacimiento,

– miedo a no ser capaz, a no dar la talla.

– miedo a sufrir daño físico y emocional.

– miedo a que nuestra criatura lo sufra también.

– miedo a ser maltratada.

– miedo a la soledad.

– miedo a la muerte.

Una parte de esos miedos son universales, ancestrales y tienen su razón de ser. Pero la mayor parte del miedo presente en el nacimiento es creada. Creada por un sistema que en los últimos 60 o 70 años ha desvirtuado la atención al parto desconectándonos del acto de salud y de amor más poderoso de la vida.

Un sistema que ha tecnificado, mecanizado, protocolizado, estandarizado… El parto.

En los últimas décadas hemos vivido multitud de historias de partos donde el riesgo de la vida de la mamá y/o bebé ha sido enorme. Hoy, gracias a las voluntades individuales de mujeres, parejas, familias y profesionales de la atención al parto que decidieron salir del paradigma del miedo, para asomarse a ver el proceso desde la confianza y el instinto, gracias a su experiencia, nos damos cuenta del daño que se ha hecho queriendo hacer lo mejor.

Nos damos cuenta que es el intervenir de forma innecesaria, el no individualizar la atención, el no ver al SER que está pariendo y al SER que está naciendo… inmersos en la locura de un procedimiento mecanizado, saturado, preso del tiempo, es la causa directa de un porcentaje mayoritario de las complicaciones en el parto.

No puedo no mencionar a mi querida Casilda Rodrigañez y todo su trabajo sobre antropología del parto. Dentro de la cultura Patriarcal fue prioritario desconectar a las mujeres de su poder, y para ello una de las herramientas más poderosas fue desconectar a las mujeres de sus partos y de su sexualidad. La condena del “parirás con dolor”, la vergüenza de la regla, de nuestros genitales y de nuestro propio placer, son algunos ejemplos de desconexión con nuestra esencia femenina que repercuten de forma directa en nuestros sentimientos sobre nuestra capacidad de maternar.

¿Por qué tenemos los partos que tenemos? Pues, mi opinión, (y no pretendo que me creas, me gustaría que me cuestionaras, que llevaras mis palabras a tu propia experiencia y enriquecieras lo que hoy siento…) es la siguiente:

  • Porque nuestras experiencias de nacimiento no han sido acompañadas respetuosamente. Hemos nacido en el periodo de máxima intervención en el parto en la historia y ese recuerdo está en nosotros y en nosotras.

  • Porque la represión de la sexualidad desde hace siglos, ha sido tremenda para las mujeres… y parir es la máxima expresión de la salud de nuestra sexualidad.

  • Porque como niñas no se nos ha acompañado, en la mayoría de los casos, a conocer y amar nuestro cuerpo. No se nos ha presentado a nuestro útero y su placer.

  • Porque hemos escuchado y vivido experiencias violentas, física y emocionalmente violentas, y eso nos hace temer el parto. El miedo bloquea nuestro sistema parasimpático y así el proceso fisiológico no avanza de forma natural, avanzada a la fuerza, forzado por fármacos y maniobras que nos roban la vivencia del proceso. Vivir el parto de esta forma nos hace desconfiar de nuestra capacidad. Vivir el parto así, supone que los profesionales también se vean atrapados en el “hacer” y en su propio miedo y dolor.

Parimos como somos y somos multitud de cosas… No sólo somos un cuerpo físico, también una mente, una emoción y una espiritualidad. Facetas de nuestro SER que se olvidan, no se integran, no se acompañan y eso supone desmontarnos, hacernos pedazos inconexos…

Cuando hacemos el camino de conocernos y amarnos, de informarnos, de conectar con la confianza en nuestra capacidad. Cuando hacemos el camino de búsqueda de AMOR, parimos como las diosas que somos y seremos.

No se pierde esa capacidad, solo se nos ha olvidado. Y sólo necesitamos un instante de certeza y el milagro sucede.

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Lidia Claudel
Psicóloga Perinatal. Doula. Maternidad y Crianza Respetuosa.

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